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Tener miedo es esencial para un buen desarrollo infantil

Niños con mucho miedo. Qué es el miedo y cómo funciona

El miedo es una de las emociones más básicas que nos advierte de las posibles amenazas y nos ayuda a reaccionar ante éstas. El miedo está regulado por el tálamo, hipocampo, amígdala e hipotálamo. 

Cómo se procesa el miedo en nuestro cerebro

Tálamo

El tálamo decide dónde enviar la información que reciben tus sentidos para poder interpretar esas formas, colores, sonidos… 

Si estamos viendo formas curvas, redondeadas, de color marrón, el tálamo buscará en tu cerebro algo que encaje con la descripción y te dirá: «¡Es un oso!»

Hipocampo

Una vez ya sabes que lo que estás viendo es un oso, el hipocampo recupera recuerdos y conocimientos sobre osos para poder ponerlo en un contexto. Un oso en un zoo no es peligroso, pero si te lo encuentras en un bosque… Procura que no te abrace, por mucha fama que tengan los abrazos de oso no los recomiendo. 

Amígdala

Ahora que sabes lo qué es, y tienes un contexto le toca a la amígdala actuar, su función es determinar la amenaza y almacenar estas emociones. Es decir, sin amígdala no reaccionas, porque no ves ninguna amenaza por ningún lado, nunca. Puede sonar muy guay, pero solo hace falta que seas un «picao» de la vida, te digan un “no hay huevos de” y te encuentras saltando por el balcón.

Hipotálamo

Una vez sabes si estás en peligro o no, te toca reaccionar. ¿Luchar o huir? Eso te lo dice el hipotálamo. Sin el cual tampoco reaccionarias, pero sí que sentirías el miedo. 

La función del miedo

Entonces, esta sensación tan y tan desagradable, ¿para qué sirve? Pues para que no nos vuelva a ocurrir. Los humanos funcionamos muy bien con refuerzos positivos y negativos, precisamente porque muchas de nuestras emociones y sentimientos funcionan así. ¿Sensaciones o emociones agradables? Dame más. ¿Desagradables? Quita quita.

El problema viene cuando este miedo se produce ante una situación en la que no hay ninguna amenaza. Esto radica en que la humanidad ha avanzado muchísimo más rápido que nuestra biología, y a veces hay discrepancias. Por eso se habla de reacciones desadaptativas. 


Tipos de miedo

Hay muchísimos tipos de miedo, únicamente con las fobias podríamos hacer una enciclopedia. De modo que prefiero simplificarlo al máximo y clasificarlos como:

  • Miedo Real
  • Miedo Irracional
  • Miedo Fisiológico

Miedo real

Cuando el miedo es real, y se activan todos los mecanismos del miedo, tanto neurológicos como fisiológicos (aumento de tensión y frecuencia cardíaca, respiración, sudoración…) es una respuesta normal, adaptativa. Todo bien, porque quizá necesitemos ese extra de energía para luchar o huir. 

Miedo irracional

Cuando el miedo es irracional se debe a un pensamiento imaginario o exageradamente negativista. Por ejemplo el miedo a los payasos es un miedo desadaptativo, que se active todo el sistema del miedo cuando ves a un payaso, a no ser que sea el Joker o el de IT, no hay utilidad.

Miedo fisiológico

Incluso podemos tener una activación sin tener presente ningún tipo de amenaza, en ese caso estaríamos hablando de ansiedad. Lo mismo, respiración acelerada, taquicardia, sudoración… Es una situación de mucho agobio y que puede provocar miedo a que vuelva a pasar. El “metamiedo”, miedo al miedo. 

En estas situaciones no hay ningún tipo de amenaza pero aún así se nos activa todo el sistema del miedo y encima, nos quedamos en alerta porque claro, si ha pasado así porque sí (aparentemente) ¿cuándo volverá a pasar?.


Miedos infantiles

Los niños acusan miedos irracionales en su mayoría, dada la imaginación tan activa y desbordante que tienen es algo de esperar.

Pero, ¿es útil tener miedo al monstruo del armario?

¿Qué podemos hacer cuando un niño tiene miedo al monstruo de debajo la cama o de dentro del armario, a subir al ascensor, a ir en metro o tren, a la oscuridad, a quedarse solo, o a los perros….?

La utilidad del miedo irracional en niños

Es necesario que tengan miedos, es totalmente evolutivo. En estos casos la función del miedo es darle la oportunidad al niño a superarse a sí mismo, mejorar su autoestima y su autoconcepto.

A medida que van afrontando sus miedos y deshaciendose de ellos, se aplican atributos a su persona. Para empezar, el de valiente.

Como pueden tener miedo a cualquier cosa, aquí me centraré en los tres más comunes:

  • Miedo a la oscuridad
  • Miedo a los perros
  • Miedo a los médicos

Miedo a la oscuridad

No hace falta decir que este miedo provoca que los niños no quieran irse a dormir y por lo tanto estén cansados al día siguiente y posiblemente de mal humor al levantarse. Es todo una bola de nieve que crece y crece. ¿Qué podemos hacer para que nuestro hijo/a no tenga miedo a la oscuridad? 

Primero hay que pensar si es la oscuridad lo que le da miedo o en realidad es separarse de los padres. ¿La oscuridad le da miedo únicamente por la noche cuando tiene que irse a dormir, o es siempre? 

En cualquier caso convendría jugar con el miedo, cambiar su interpretación. Por ejemplo, nos podemos quedar un rato con ellos en la cama y hacerles ver que la oscuridad es divertida. Podéis hacer sombras chinas con la luz de la luna (o encender una pequeña luz siempre que luego la apaguéis), enseñarle lo bonitas que son las estrellas y que se ven gracias a que es de noche, o simplemente estiraros a hablar, relajarse. Aprovechando que todo está en silencio y oscuro lo que nos facilita el centrarnos en nosotros mismos. Hay que jugar con la oscuridad para transformar su interpretación negativa a una interpretación positiva.

Miedo a los perros

Hablemos del miedo a los animales, o a los perros que es lo más frecuente. Como ya he dicho la imaginación de los niños es desbordante, es posible que el niño se imagine que el perro que está viendo sea fiero como el lobo de los cuentos, o cualquier cosa con lo que lo relacione.

El caso, es que si nosotros ante esta situación de miedo lo cogemos en brazos o cruzamos la calle para que no se tope con él, o le compramos chucherías una vez ha pasado todo para que deje de llorar, lo único que estamos haciendo es reforzar ese miedo. En cambio, si desde un principio le decimos “¡mira ese perrito! ¿No es bonito?” y amablemente le pedimos al dueño si lo podemos acariciar y lo acariciamos, el niño verá que no hay nada que temer.

En absoluto hay que obligar al niño a tocar al perro si no quiere. Ya lo hará cuando esté preparado. Lo importante es que esté tranquilo ante la situación y sobre todo que también lo estés tú.

Miedo a los médicos

Pobres médicos lo tienen todo en contra. Primero son esas personas desconocidas y malas que los pinchan cada vez que los ven. ¡Van ahí simplemente a que los pinchen y se van! ¿Pero quién son esas personas?

Es un inicio de relación algo difícil. Luego, tienen que ir cada vez que están mal, que están enfermos. “Ir al médico significa que estoy mal” y a nadie le gusta estar mal. ¿Qué podemos hacer nosotros? Pues preparar a nuestros peques previamente diciéndole dónde irá y lo que va a pasar ahí dentro.

Explicarle la situación con antelación. Además mucha de la buena o mala interpretación que pueda tener la criatura hacia el médico, dependerá de la gracia de éste tratando a niños pequeños.


Como llevo diciendo , el objetivo es cambiar la interpretación de lo que se tenga miedo, para ello hay que observar, escuchar, jugar… pero existen herramientas que nos ayudan a manejar estas situaciones, por ejemplo la caja de los valientes.

La caja de los valientes

La caja de los valientes es una herramienta muy beneficiosa para procesar los miedos. Consiste en coger una caja de cartón y decorarla como queráis, este proceso tiene que cuánto más divertido mejor. El niño debe saber para qué se va a usar esta caja, de este modo la podrá decorar como quiera acorde a su utilidad, o no. El decide. Es su caja y se la decora como quiere.

Una vez terminada la caja, le damos unos papeles para que exprese sus temores y los guardaremos en la caja. Al hacer esto, los miedos se externalizan, se verbalizan y se procesan mucho mejor. Se toma conciencia de ellos.

Si queremos, antes de introducir los miedos en la caja podemos intentar profundizar un poco, sin forzar al niño. Por ejemplo, le podemos preguntar qué miedo es, cuándo lo siente, qué pasa cuando lo siente, etc. A medida que se vayan superandopasado los miedos, podéis retirarlos de la caja y de este modo el niño verá que ha superado ese miedo, teniendo un subidón de autoestima y de orgullo.


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