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Limítate

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Vivimos en la sociedad de la abundancia. Queremos mucho de lo que sea. Cuanto más, mejor. Y eso es peligroso. No me refiero solo a lo material y a esta cultura de la impaciencia en la que pedimos algo y en un día o antes lo tenemos en casa.

Hablo de la cultura del límite es el cielo, del potencial oculto y de la cafeína.

Una visión de la vida en la que tenemos que dominar todas las técnicas de productividad para que no se nos escape el tiempo de las manos, cuando precisamente no tenemos tiempo porque intentamos ser más eficaces y más eficientes.

En el trabajo, en el deporte, en las relaciones sociales y con nosotros mismos.

Lista de tareas pendientes para destrozarte la autoestima

¿Cuántas veces te has intentado organizar haciendo una lista de tareas (o checklist) y has puesto tantas tareas que completarlas en un único día rivalizaría con los 12 trabajos de Hércules?

¿Cuántas de esas tareas son esenciales?

Es decir, ¿pasaría algo si no acabas lo que has puesto en la lista?

Ya te he dicho que vivimos en la cultura del cuánto más mejor. Y acabamos haciendo listas larguísimas de tareas poco importantes o poco urgentes, porque así nos sentimos más productivos. Cuantas más tareas mejor. Cuanta más productividad mejor. ¿No?

Lo más seguro es que no acabemos y nos sintamos insuficientes; que nos comparemos con los demás, perdamos esa comparación y nos sintamos inferiores… E intentando desarrollar ese potencial oculto que nos han dicho que tenemos, nos destrocemos la autoestima a base de presión, autoexigencia y perfeccionismo.

Todo bien.

Lista de tareas pendientes para no hacer (pero de verdad)

¿Qué pasa si en lugar de llenar la lista de cosas por hacer, la llenamos de cosas que no haremos?

Cosas que nos limiten. Como por ejemplo, hoy no voy a quedar con nadie.

Es cierto que los psicólogos abogamos muchísimas veces en ponerlo todo en positivo:

Hoy no voy a quedar con nadie —> Hoy voy a pasar el día únicamente conmigo.

El problema está en que, de nuevo, esto llenará la lista de tareas pendientes y no aprenderemos a decir “no”, a delegar o a soltar.

Para aunar estos dos conceptos, hay que tener en cuenta la importancia y urgencia de las tareas. Te presento la matriz de Eisenhower.

Una buena forma para empezar a hacer la lista de tareas que no harás, es coger esa lista repleta de quehaceres y empezar a desgranarla con esta matriz.

¿Qué es importante? ¿Qué es urgente?

Algunos ejemplos

  • No usar pantallas para distraerme.
  • No ver las noticias.
  • No priorizar el trabajo.
  • No hacer mío el problema de alguien por mucho que empatice.

Estos son ejemplos muy generales, es mucho mejor cuando son específicos.

  • No utilizar pantallas durante las primeras y últimas dos horas del día.
  • No ver la televisión mientras estamos comiendo.
  • No hacer horas extra o más de lo que son mis funciones.
  • No solucionar el problema de alguien en lugar de ayudar a esa persona que ella misma lo resuelva o simplemente acompañarla en el proceso.

De este modo pasarás de tener muchos quereseres a tener los que de verdad deberías hacer. Respetarás tus derechos asertivos y no te joderás la autoestima intentando alcanzar algo que no es necesario (ni posible) alcanzar.

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