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La recaída forma parte del cambio

La recaída no es un fracaso, ni un paso atrás. Es simplemente, un bache que te ayuda.

Para ver con detalle lo que quiero decir primero tengo que explicarte las distintas fases del cambio. Cualquier cambio que quieras hacer desde comer más saludable, dejar de fumar o hacer más ejercicio, hasta aquellos cambios más internos que te lleven a reducir la ansiedad, a estar más alegre, tener más autoestima… pasan por distintas fases.

Las fases del cambio y por las que pasamos todos en mayor o menor medida son:

  • Precontemplación
  • Contemplación
  • Preparación para el cambio
  • Acción
  • Mantenimiento
  • Recaída

Vamos a verlos con detalle y así poder identificar en qué fase nos encontramos, qué tenemos que hacer para ir a la siguiente (o no) y el motivo por el que es tan importante incluir la recaída dentro del proceso, la tengas o no.

Empecemos por la Precontemplación:

En este momento no eres consciente que tienes un problema. Es más, si estás dentro del ciclo de cambio lo más probable es que no sea por voluntad propia. Quizás te lo ordena un juez o es probable que la presión de amigos y familiares te haya forzado, pero sigues sin ver cuál es el problema que los demás creen que tienes.

En este estadio la probabilidad de salir del ciclo del cambio es extremadamente alta. Ya que no hay voluntad para el cambio y por ende la adherencia terapéutica es casi inexistente.

Por poner un ejemplo: Tienes ciertos síntomas de ansiedad y el médico no ha encontrado ninguna otra explicación. Te comenta que sería conveniente ir al psicólogo y hacer terapia para tratarla. Tú, pasas del tema. No estás «loca» y crees que puedes (y tienes) que pasarlo sola.

La fase de contemplación:

Aquí ya reconoces que hay un problema y por lo tanto ya te muestras mucho más receptivo para recibir información y enfocarte a posibles soluciones, aunque si se te abruma es probable que abandones la voluntad de cambio de forma prematura. No te ves preparado para cambiar y esperas que algo cambie en tu entorno, esperando ese «momento oportuno» para empezar.

Puede que lo expreses con un «no tengo ganas», «cuando esté algo mejor», «cuando haya pasado todo esto»… o cualquier frase que empiece por «es que…»

No tienes claro el esfuerzo que va a requerir ni los beneficios que te aportará cada una de las posibles soluciones.

Siguiendo con el ejemplo: Entras en Google y empiezas a buscar tratamientos para la ansiedad. Te abruma la cantidad de «tratamientos» que hay y no sabes qué es lo que te funcionará. Lo único que quieres es dejar de tener tantas preocupaciones, no más. Es probable que abandones esta voluntad de cambiar ya que te produce ansiedad buscar como dejar de tener ansiedad.

Fase de preparación:

Ya estás listo para el cambio. Incluso has tomado algunas decisiones que te facilitarán hacerlo.

Ejemplo: Ya has decidido que tomarás la opción más sensata, con más validez y más apoyo científico, e irás al psicólogo. Incluso ya has pedido hora, te has informado sobre el profesional, su formación y su campo de trabajo.

Fase de acción:

En esta fase se empiezan a hacer más claros los cambios y los beneficios que has logrado. La duración acostumbra a ser de algunos meses.

Ejemplo: Vas a las sesiones y empiezas a aplicar en tu día a día aquello que el psicólogo y tú acordáis para reducir la ansiedad.

Fase de mantenimiento:

Ahora viene lo jodido. Cambiar es «fácil» lo difícil es mantener el cambio. El objetivo en esta fases es, precisamente, mantener los cambios y los beneficios conseguidos, haciendo una clara prevención de recaídas.

Recaída:

A mis pacientes siempre les dejo claro este punto. Es importantísimo aprender y entender que recaer no es un fracaso, es parte del proceso. Solo te está diciendo que no estabas del todo preparado para mantener el cambio tanto tiempo, nada más. El objetivo es que la recaída sea cada vez más distanciada en el tiempo, más corta en duración y menos intensa.

Todas las demás fases, las harás mucho más rápido ya que no hay nada nuevo que aprender, es un camino que ya has hecho antes.

La única forma de evitar una recaída es morir antes. Aquellos que dejan de fumar «para toda la vida» y han muerto sin recaer es precisamente por eso, por que han muerto. Si llegan a vivir 3000 años posiblemente hubieran recaído.

Integrar este concepto en el proceso tiene dos funciones:

  • Liberarte de culpa para que puedas volver a empezar cuanto antes mejor
  • Te hace estar mucho más alerta en situaciones de riesgo para no recaer, ya que la posibilidad siempre está ahí.

En resumen, los cambios no son permanentes aunque los hagas de forma consciente y con toda la intención del mundo. Solo hace falta recaer o volver a cambiar.

Y no pasa nada.

Además, fíjate que para avanzar de una fase a otra el cambio más importante es la conducta. Cada vez hay más consciencia del problema, más información pero sobre todo hay más conducta proactiva. Esa es la clave para cambiar. Esperar que el entorno lo haga por ti o que llegue el momento oportuno… no va a pasar.

Te toca decidir si quieres cambiar o si quieres seguir esperando.

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