La complejidad de la toma de decisiones

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Porque es más fácil tomar un atajo que una decisión

Decidir es una parte esencial de nuestra vida cotidiana. Desde elegir qué ropa nos vamos a poner hasta decidir qué carrera estudiar, nuestras decisiones tienen un impacto significativo en nuestro bienestar. Sin embargo, ¿por qué es que a veces tomamos decisiones que después creemos que han sido la gran cagada? ¿Cómo podemos mejorar nuestra capacidad para tomar «buenas» decisiones?

La toma de decisiones es un proceso complejo que está influenciado por muchos factores. Desde la información que tenemos disponible hasta nuestros propios sesgos cognitivos, muchas cosas pueden afectar nuestra capacidad para tomar decisiones. Los sesgos cognitivos son formas de pensar equívocas, pero en apariencia veraces, que nos llevan a tomar decisiones basadas en prejuicios en lugar de en hechos.

Estos sesgos nos han ayudado, a lo largo de nuestra historia como especie, a reaccionar de forma rápida y con un ahorro energético considerable. Pero, hoy en día, tenemos mecanismos desfasados, como el apéndice.

Algunos de los sesgos, como por ejemplo, el sesgo de confirmación, nos lleva a buscar información que confirma nuestras creencias existentes, en lugar de buscar información objetiva y variada.

Además, el sesgo de anclaje nos hace depender demasiado de la primera información que recibimos, mientras que el sesgo de disponibilidad nos lleva a sobrevalorar la información que está fácilmente disponible para nosotros (por ejemplo, las noticias sensacionalistas o algo más actual, redes sociales) en lugar de la información más relevante y útil. Otros sesgos cognitivos incluyen el sesgo de estereotipo, que nos lleva a juzgar a las personas basándonos en estereotipos, y el sesgo de halo, que nos lleva a sobrevalorar a las personas y cosas que nos gustan o respetamos.

Sin embargo, no estamos tan mal. Existen estrategias que podemos usar para mejorar nuestra capacidad para tomar decisiones informadas. Una de ellas es la toma de decisiones basada en evidencia, que implica buscar y evaluar sistemáticamente la información relevante antes de tomar una decisión. Al hacerlo, podemos minimizar los efectos de los sesgos cognitivos y tomar una decisión más objetiva y basada en hechos.

Datos señores, datos.

Otra estrategia es la toma de decisiones colaborativa, que implica consultar a otras personas con conocimientos y perspectivas diferentes para tomar una decisión más informada. Esto puede ser particularmente útil en situaciones complejas donde puede haber múltiples opciones y consecuencias potenciales.

Porque a veces el árbol no te deja ver el bosque, y huele demasiado a humo.

También es importante tener en cuenta que los factores emocionales y contextuales pueden afectar nuestra toma de decisiones. El estrés y la fatiga, por ejemplo, pueden afectar nuestra capacidad para tomar decisiones. Cuando estamos cansados o estresados, nuestra capacidad para pensar con claridad y considerar todas las opciones puede disminuir, lo que nos hace más propensos a tomar decisiones impulsivas o poco informadas. Por lo tanto, es importante estar conscientes de estos factores y tomar medidas para reducir su impacto en nuestra capacidad para tomar decisiones.

Lo típico de consultarlo con la almohada.

La fatiga de decisiones es un concepto que se refiere a cómo nuestro cerebro se cansa de tomar decisiones. Cuantas más decisiones tomamos durante el día, más difícil se vuelve para nuestro cerebro tomar decisiones objetivas. Por lo tanto, es importante ser conscientes de cuántas decisiones estamos tomando durante el día y tomar medidas para reducir la cantidad de decisiones que tomamos en situaciones irrelevantes.

Por ejemplo, podemos establecer una rutina diaria para las tareas diarias, como vestirse, desayunar y planificar nuestro día, para reducir la cantidad de decisiones que debemos tomar durante el día. Además, podemos delegar ciertas decisiones a otras personas o herramientas, como utilizar una aplicación de planificación de comidas en lugar de decidir sobre la marcha qué cocinar para la cena.

En resumen, la toma de decisiones es un proceso complejo que está influenciado por muchos factores, incluidos los sesgos cognitivos, los factores emocionales y contextuales, y la fatiga de decisiones. Sin embargo, existen estrategias que podemos usar para mejorar nuestra capacidad para tomar decisiones informadas, como la toma de decisiones basada en evidencia, la toma de decisiones colaborativa y la reducción de la cantidad de decisiones irrelevantes que tomamos durante el día. Al utilizar estas estrategias, podemos tomar decisiones que nos ayuden a alcanzar nuestros objetivos a largo plazo y mejorar nuestra calidad de vida.

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